El comportamiento humano frente al consumo ha cambiado profundamente con el paso del tiempo. Antes, el consumo estaba orientado principalmente a la sobrevivencia y a la satisfacción de necesidades básicas como la alimentación, el vestir o ciertas comodidades necesarias para la vida diaria. Hoy, en cambio, ese consumo se ha transformado en un consumismo innecesario, impulsado en gran medida por el mercado, la oferta y la apariencia.
En relación con la alimentación, antes nuestros abuelos consumían productos orgánicos, muchas veces producidos por ellos mismos. Actualmente, el consumo se rige más por lo visual que por la calidad. Por ejemplo, se suele creer que una papa más grande es mejor, mientras que las pequeñas o “feítas” se rechazan, aunque sean más naturales. Esto demuestra que hemos aprendido a consumir desde la imagen y no desde el valor nutricional real.
También se ha perdido la capacidad de distinguir entre alimentos orgánicos y aquellos producidos con hormonas o con agrotóxicos. El pollo criollo, criado de forma natural, antes se consumía solo en ocasiones especiales, al igual que la carne de cerdo. Hoy, debido a la gran oferta del mercado y a los precios accesibles, el consumo de carne se ha normalizado, muchas veces sin considerar su calidad ni su impacto en la salud.
Algo similar ocurre con las verduras y la comida en general. Aunque comprar directamente a los productores puede ser más económico, muchas personas prefieren alimentos procesados, embolsados que tenga buena presentación con etiquetas y prefieren comida acompañados de condimentos como mayonesa, arroz con pollo frito u otros productos que resultan más sabrosos y satisfactorios de manera inmediata. En cambio, una ensalada o frutas ya no resultan atractivas. Esto evidencia que el consumo actual se basa más en el placer inmediato que en la necesidad o el bienestar.
En cuanto al transporte, el mercado y la oferta también han modificado nuestros hábitos. La aparición de taxis y mototaxis ha generado una comodidad excesiva, haciendo que muchas personas dejen de caminar incluso trayectos cortos. Esto refleja una forma de consumo que fomenta la flojera y la dependencia de servicios, cuando antes el desplazamiento a pie era algo habitual y natural.
Otro aspecto importante es el consumo tecnológico, especialmente el uso de los celulares. Hoy en día, tener megas e internet parece una obligación. Si bien la tecnología es una herramienta útil, el entretenimiento y el ocio se han vuelto excesivos. Muchas personas terminan creyendo más en lo que muestran las redes sociales que en la realidad misma, lo que distorsiona la percepción del mundo y refuerza un consumo basado en apariencias.
Respecto a la ropa, el consumo también se ha vuelto desechable. Estar a la moda parece más importante que la utilidad de la prenda. Antes, la ropa se heredaba entre hermanos y se remendaba cuando era necesario. Hoy, al ser más accesible y barata, se desecha con facilidad, sin considerar que muchos materiales no se degradan y generan un impacto ambiental. Además, la moda ha impuesto la idea de que la ropa define a la persona, asociando erróneamente la ropa usada con pobreza.
En relación con el segundo punto de la consigna, la revisión del basurero doméstico permite evidenciar claramente estos hábitos de consumo. En mi caso, paso más tiempo en la oficina que en casa. Al observar el basurero de la oficina, donde almorzamos con mis compañeros, se puede notar la gran cantidad de residuos que se generan a diario. A pesar de mi experiencia en proyectos sociales, educación ambiental, cuidado del agua y agroecología, muchas de mis propuestas para reducir residuos —como usar tuppers en lugar de platos desechables— fueron recibidas con extrañeza, como si estuviera ofendiendo a los demás.
En la oficina somos cuatro personas y se utilizan aproximadamente dos platos desechables por persona al día, además de bolsas plásticas para la llajua, el maíz y otros alimentos. Esto genera una gran cantidad de basura diaria, y más aun considerando que en municipios pequeños no existe un tratamiento adecuado de residuos.
Al caminar por las calle veo cualquier cantidad de bolsas verdes aquellas que utilizan para la venta de coca y los desechos de la coca que hoy en día ya tiene otros aditamentos más “coca machucada” no se si eso es contaminante para el medio ambiente considero que si porque ya lleva otros químicos y eso se ve en todas parte, creo que se debe hacer un análisis de este nuevo consumo que se puso de moda y que también genero el mercado esa necesidad de la coca machucada cuando antes nuestros abuelos consumían la coca en su estado natural solo con lejía que era también de otros alimentos naturales.
Viendo un basurero mas grande son los generados en las ferias barriales, zonales sin ir muy lejos la famosa feria más grande de Bolivia, la feria de la 16 de Julio en La Paz. Después de las ferias de los jueves y domingos, queda una enorme cantidad de basura: bolsas, cajas y desechos de todo tipo. Muchas comerciantes dejan los residuos en el lugar, creyendo que otros se encargarán de limpiarlo, sin asumir la responsabilidad del impacto que generan
Aunque algunas personas intentan separar la basura, muchas veces este esfuerzo se pierde porque los camiones recolectores mezclan todos los residuos. Esto demuestra la falta de educación ambiental y de políticas adecuadas. La contaminación es tan grande que parece que, para cuando se logre una verdadera conciencia, el daño ya será mucho mayor y será irreparable.